Desde la lógica de la obediencia (liderazgo autoritario) hacia la lógica de la responsabilidad (liderazgo con autoridad)

El objetivo de esta columna es exponer qué es un liderazgo empresarial con autoridad responsable y algunos principios de acción propios de un directivo o de un líder empresarial que obra desde un ejercicio del poder como autoridad responsable y no como coacción y obediencia administrativa.

La importancia de configurar una nueva cultura empresarial implica necesariamente también, una innovación en las formas de ejercer el poder en la empresa, por tanto, el objetivo de esta columna será presentar en qué consiste un liderazgo con “autoridad”, frente al tradicional líder “autoritario” y al líder laissez-faire. O de otro modo, nuestro objetivo será esbozar los elementos que configuran en la empresa un liderazgo y una autoridad cimentados en la cultura de la responsabilidad y no en la cultura autoritaria de la obediencia.

Según Adela Cortina (31998) el término autoridad tiene una raíz latina augeo y aupar, es decir, que la autoridad se recibe cuando los otros me la otorgan, desde esta perspectiva “un directivo tiene autoridad cuando es aupado, es elevado por aquellos a quienes dirige” . El criterio inequívoco para saber si se tiene o no autoridad tiene que ver con el otorgamiento, con el merecimiento y la investidura de los otros. Autoridad es por tanto, capacidad y competencia para recibir esa investidura, la cual no puede ser impuesta. Autoridad recibe quien tiene sentido de alteridad, es decir, dialoga, colabora, empatiza y sirve a los otros. A partir de estas consideraciones, es posible afirmar que un directivo con autoridad es aquel que practica la lógica de la responsabilidad y sus estándares de gestión se miden por su capacidad de asignar y distribuir responsabilidades al interior de la empresa.

 Ahora bien, el criterio para tal asignación y distribución de responsabilidades está siempre dado al interior de un proyecto de desarrollo integral de la empresa y no por el capricho autoritario del directivo. Por tanto, si tal proyecto no existe, y si existiendo no se utiliza para un efectivo ejercicio de la autoridad en la empresa, entonces, lo más probable es que nos encontremos con empresas cuyos liderazgos y distribución de roles y tareas estén bajo la cultura autoritaria de la obediencia. O de otro modo, la empresa estará dirigida por líderes autoritarios que no saben dar razones de sus decisiones, es decir, no saben o no tienen las competencias para integrar sistemática y
dialógicamente: liderazgo directivo y proyecto de empresa.

Queremos insistir sobre esta importante cuestión, porque se trata de que la empresa y el liderazgo empresarial deben ser capaces de superar la lógica del mero poder y de la administración. Es decir, no basta con ser dueño del capital de la empresa o ocupar un alto cargo directivo en ella para tomar decisiones y asignar roles y funciones.

El directivo o líder empresarial debe estar capacitado para ello, ejerciendo autoridad y asignando responsabilidades racionalmente fundadas, es decir, a las personas adecuadas con objetivos y metas claras y con estándares y pautas de evaluación más claros aún. Metas y objetivos deben emerger desde un proyecto integral de desarrollo de la empresa. Es decir, una nueva cultura empresarial requiere de directivos o líderes, que en su formación profesional hayan adquirido la competencia de integrar sistemática y dinámicamente actitudes, procedimientos y conocimientos, donde el liderazgo actitudinal es fundamental para el efectivo ejercicio del principio de autoridad. Y ello debe ser así porque “la autoridad de un directivo es importante en el proceso de aplicación de la filosofía empresarial, puesto que es ahí donde debe demostrar que la eficacia de sus decisiones no nace del lugar administrativo que ocupa en la organización, sino del reconocimiento personal que provoca”.

Por tanto, el objetivo es poder tener en la empresa a líderes directivos (con autoridad y que se mueven en la lógica de la responsabilidad) y no coactivos (autoritario y se mueven la lógica de la obediencia y la mera administración).

Queremos ahora, presentar algunos principios de acción para el efectivo ejercicio de un liderazgo empresarial, no autoritario, inclusivo, participativo y que se configura desde la lógica de la responsabilidad.

1. Principio de gradualidad: todo proceso empresarial en la medida en que está configurado por personas, es gradual, requiere te tiempos de desarrollo y de madurez. Por tanto, un líder responsable y no autoritario, diseña y conduce procesos. Asigna responsabilidades en función de los tiempos de maduración de dichos procesos. La empresa no se forja desde principios abstractos que se pretenden implantar de un día para otro.

2. Principio de pluralidad: las empresas funcionan con recursos humanos diversos, y muchas veces muy diversos. Un liderazgo responsable e inclusivo y no autoritario, establece las estrategias de articulación sistemática y dinámica de lo diverso en función de objetivos comunes. Se trata por tanto, de potenciar las múltiples capacidades con el objetivo de realizar fines compartidos.

3. Principio de complementariedad: ver mejor es otro objetivo relevante para la configuración de un nuevo liderazgo empresarial. Ello implica integrar múltiples miradas, múltiples perspectivas y dimensiones respecto de un mismo fenómeno, a saber, la gestión empresarial. Pues dichas miradas y perspectivas no se excluyen mutuamente, al contrario, se complementan.

4. Principio de integralidad: la empresa debe ser un espacio abierto para el desempeño de profesionales responsables, creativos, emprendedores e inventivos. Directivos y profesionales no son estructuras mecánicas que cumplen burocráticamente los roles y funciones establecidos administrativamente. Cada cual aporta a la empresa desde la integralidad de su condición personal. Por tanto, la empresa debe procurar que esa integralidad se exprese. Pues ello también favorece y beneficia al desarrollo y sustentabilidad de la empresa.

5. Principio de solidaridad: esto implica el deber de favorecer el trabajo colaborativo y cooperativo, es decir, se trata de cultivar la capacidad, de cada miembro, de solidarizarse y comprometerse con el proyecto de empresa y con quienes lo ejecutan. O de otro modo, se trata de poner las propias capacidades al servicio de la comunidad.

Todos estos son principios actitudinales que debieran estar arraigados en la formación personal y profesional de todo directivo o líder empresarial.
Ahora bien, esto también es un desafío de futuro para la tarea formativa que realizan las Facultades y Escuelas de Ciencias Económicas y Empresariales.

Por último, queremos subrayar que estas reflexiones junto con nuestras reflexiones anterioriores y que hemos compartido con ustedes nos permiten ir precisando qué estamos entiendo por nueva cultura empresarial. Y que duda cabe de que la reconceptualización de lo que debiera ser la autoridad de directivos y líderes empresariales es un pilar fundamental para la reconfiguración de dicha cultura.

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